12 Oct, 2026 | C. H. Spurgeon (1834–1892) |
Echa tu ansiedad sobre Dios y deja de cargarla tú solo
Llevas días con la frente cargada. La preocupación por el dinero, por los hijos, por lo que vendrá mañana, se ha instalado en ti y ya casi no la notas: se volvió tu manera habitual de despertar. Si te detienes a preguntarte qué dice la Biblia sobre la ansiedad, quizá esperes un regaño. Pero lo que encuentras es otra cosa: una invitación a soltar lo que no te toca cargar.
echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
1 Pedro 5:7 (RVR60)
Fíjate en el final del versículo, porque ahí está todo: «porque él tiene cuidado de vosotros». No te mandan a dejar de sentir; te dicen a quién pasarle el peso. Es una manera dichosa de calmar la tristeza poder sentir en lo hondo: «Él tiene cuidado de mí». Cristiano, no deshonres tu fe caminando siempre con el rostro cargado de afán. Te tambaleas bajo un peso que tu Padre ni siquiera sentiría; lo que a ti te parece una carga aplastante, para Él sería como el polvo menudo de la balanza.
La ansiedad es más seria de lo que parece
Solemos tratar la preocupación como una falta pequeña, casi como una virtud del que es responsable. Pero mira lo que hay debajo. La esencia misma de la ansiedad es imaginar que somos más sabios que Dios y meternos en su lugar, para hacer por Él aquello que Él ya se comprometió a hacer por nosotros. Nos empeñamos en pensar en lo que suponemos que Él olvidará; insistimos en cargar nosotros mismos el fardo, como si Él fuera incapaz de llevarlo o no quisiera.
Visto así, el afán no es neutral. Nos hace dudar de la bondad de Dios, y entonces nuestro amor hacia Él se enfría; sentimos desconfianza, y esa desconfianza estorba nuestras oraciones y nos empuja a buscar salidas por cuenta propia. Quien no puede dejar con calma sus asuntos en las manos de Dios termina echando mano de medios indebidos para ayudarse. La preocupación, llevada al exceso, no te protege de nada: solo te aleja del Único que sí puede sostenerte.
El Dios que alimenta a los gorriones
¿Y de verdad proveerá? Esa es la pregunta debajo de la pregunta. Spurgeon lo responde señalando lo más pequeño de la creación:
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
Mateo 6:26 (RVR60)
Quien alimenta a los gorriones también te proveerá lo que necesitas. Con un poco de aceite en la vasija y un puñado de harina en la tinaja, Elías sobrevivió a la hambruna; tú harás lo mismo. Si Dios gobierna hasta el detalle más trivial, de modo que ni un pajarillo cae a tierra sin su permiso y los cabellos de tu cabeza están todos contados, ¿con cuánta más razón ordena los sucesos de tu vida entera? Si Él cuida de tu alma para siempre, ¿no cuidará también de tu cuerpo hoy? Nunca se ha negado a llevar tus cargas, nunca ha desfallecido bajo su peso.
Cómo dejar de preocuparte, en la práctica
La salida no es apretar los dientes y «pensar positivo». Es un cambio de manos. Te has pasado la vida intentando la obra de proveer, que es de Dios, y descuidando la que sí es tuya: obedecer. Sé sabio y ocúpate de obedecer; deja que Cristo se encargue de proveer.
Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo.
Salmos 55:22 (RVR60)
Hazlo con cada carga a medida que llega, no de una vez para siempre en un arranque de fe. Llega la noticia, llega la cuenta, llega el miedo, y tú lo entregas ahí mismo. Esto te mantiene cerca de Dios y te fortalece contra muchas tentaciones. Ven y contempla el granero de tu Padre: pregúntate si quien almacenó tanta abundancia dejará morir de hambre a uno de sus hijos. Mira su corazón de misericordia y comprueba si acaso puede ser cruel. Sobre todo, levanta la mirada a Jesucristo, tu Intercesor, y pregúntate: mientras Él ora por ti, ¿podría tu Padre tratarte sin gracia? Qué vida tan serena podrías llevar si dejaras el proveer en manos del Dios de la providencia. Acaba, pues, con la preocupación angustiosa, y deja todos tus asuntos en la mano de un Dios bondadoso.
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Adaptado y traducido al español por Ecos del Edén, de Morning and Evening (1865–1868), de C. H. Spurgeon.