9 Oct, 2026 | William Bridge (1600–1670) |
Cuando la tentación no te da tregua
Es la misma tentación de siempre. Llevas meses —quizá años— resistiéndola, y vuelve una y otra vez. Estás agotado, y empiezas a pensar que si sigue apareciendo es porque hay algo irremediablemente podrido en ti. «¿No tengo razón para desanimarme?»
Es otra de las causas del desánimo que recorremos en esta serie. William Bridge no la minimiza: estar bajo tentación es una aflicción pesada —peleas un duelo directo con el enemigo, y puede arrastrarte por dentro y por fuera, como a Job—. Pero, de nuevo, no es razón para quedarte hundido.
Lo primero: ser tentado no es pecar
Esta confusión hunde a muchos. La tentación que tocó a tu puerta no es tu pecado; tu pecado sería abrirle. El propio Cristo «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado». Si Él fue tentado sin pecar, entonces la tentación en sí —la que resistes, la que no consientes— es sufrimiento, no culpa. No le sumes a la batalla una condena que no te corresponde.
1. El verdadero objetivo del enemigo es desanimarte
Aquí Bridge da en el clavo. ¿Para qué te tienta el enemigo con tanta insistencia? Su meta de fondo es desanimarte. Él sabe que no puede quitarte la salvación, así que va por lo segundo mejor: robarte el gozo, hacerte «arrastrar los pies» y, si puede, lograr que abandones. Por eso, cuando te desanimas, le estás dando exactamente lo que busca.
Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe.
1 Pedro 5:8-9 (RVR60)
«Resistid firmes» — mantente en pie. Y parte de mantenerte en pie es negarte a darle el desánimo que persigue. Como decía Bridge: ya que el plan de Satanás es desanimarme, mi plan será sostener mi corazón contra todo desánimo.
2. Dios siempre deja una salida
La tentación puede sentirse sin escapatoria, pero Dios promete lo contrario:
No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.
1 Corintios 10:13 (RVR60)
No estás peleando solo ni por encima de tus fuerzas: Él mide la carga y provee la salida. Puede que la salida sea, hoy, simplemente soportar un día más sin ceder — y eso también es victoria.
3. La lucha tiene recompensa
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.
Santiago 1:12 (RVR60)
Dios no desprecia al que lleva años resistiendo; lo llama bienaventurado. Esa lucha que te parece un fracaso interminable, a sus ojos es fidelidad que será coronada.
Que sigas peleando ya es señal de vida
El hecho de que la tentación te duela, y de que sigas resistiéndola en vez de rendirte, no es prueba de que estás perdido: es prueba de que hay vida en ti. No dejes que el enemigo convierta tu batalla en desesperación. Estás cansado, sí — pero sigues en pie. Y en pie te quiere Dios.
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Adaptado y traducido al español por Ecos del Edén, de A Lifting Up for the Downcast (1648), de William Bridge.